¿Por qué me cuesta jugar con mi hijo?

Jugar es la actividad más importante de cualquier niño y si la puede compartir con sus padres todavía mejor. Sin embargo, a los padres, a menudo nos cuesta jugar con nuestros hijos. Los queremos mucho y nos gusta pasar tiempo con ellos, pero a la hora de jugar nuestra cabeza encuentra mil excusas y después nos sentimos culpables.

Para empezar…

1. Pueden existir muchas razones por las cuales podemos sentir que no nos apetece jugar con nuestros hijos y no nos debemos culpabilizar por ello. No tener ganas de jugar no significa que no tengamos ganas de estar con ellos, ni mucho menos todavía, que seamos peores padres o madres. 

Culpabilizarse es inútil y no tiene ningún sentido. Cuando nos sentimos culpables por algo es porqué creemos que hemos sentido o actuado de manera distinta a cómo deberíamos. La culpa surge de nuestro propio pensamiento de negación de la realidad y por eso nos hace sentir mal. Para salir del bucle, debemos preguntarnos los motivos y buscar soluciones. Analizaremos esto más adelante.

2. Los niños no necesitan que estemos todo el rato jugando con ellos, necesitan que estemos presentes para ellos. Jugar es una forma de conectarnos con ellos, aunque no es la única.

3. Es importante encontrar momentos de juego con nuestros hijos, pero todavía más importante es disfrutar juntos. Cualquier actividad se puede convertir en un juego para los niños. No se trata de jugar sólo para que nuestro hijo esté contento, se trata de encontrar actividades con las que disfrutar conjuntamente (ej. cocinar, dibujar, leer, ir a jugar al aire libre, salir a correr, practicar algún deporte…).

4. No todos somos iguales ni nos gustan las mismas cosas. Algunas personas, a parte de ser madres o padres, tienen un don especial con los niños y se les da muy bien el juego imaginativo y creativo (como el de crear historias y escenarios inventados). Otras personas, en cambio, puede que se sientan más cómodas con un juego más lógico y estructurado. Cada familia debe encontrar su propio equilibrio para que puedan pasar tiempo de calidad juntos y todos se sientan a gusto.

5 razones por las que nos cuesta jugar con nuestros hijos

1. Estamos cansados

Hay días en los que puede que nos sintamos con menos energía de lo habitual. En estos casos, lo mejor es hablarlo abiertamente y proponerle alguna actividad más calmada.

Si nos sentimos agotados casi todos los días, probablemente deberíamos reflexionar sobre nuestro estilo de vida para ver si hay algún cambio que podamos introducir para estar mejor.

2. Sentimos que tenemos muchas cosas que hacer

La realidad es que casi siempre puedes encontrar trabajo por hacer, así que si esperas a no tener nada que hacer no llegará nunca el día.

Lo ideal es distinguir aquellas tareas que son más urgentes y organizarse. Ej. dejar la cena medio preparada el día anterior nos puede ayudar mucho. También podemos explicarle que jugaremos durante un tiempo determinado y luego iremos a terminar una tarea o, incluso, podemos proponerle si nos quiere ayudar.

3. Sentimos que no sabemos jugar

No te estreses, es normal que sientas eso. En general, los adultos estamos bastante desconectados de nuestro niño interior. Deja que sea tu hijo el que marque el hilo del juego y tú sólo síguele la corriente. Los adultos estamos muy acostumbrados a dirigir, pero hemos de aprender a delegar esa tarea a nuestros hijos, ya que ellos, en esto de jugar, son unos maestros.

4. No nos gusta un juego determinado

En este caso, creo que es bueno comunicarnos con nuestros hijos con naturalidad y honestidad. Podemos decirles que jugaremos a esto un rato pero que luego cambiaremos porqué este juego no nos gusta. No se trata de imponer sino de negociar. Tampoco debemos obligar a nuestro hijo a que juegue a algo que no le guste.

Negociar es una buena forma de educarlo en la libertad para hacer valer los propios intereses respetando los de las otras personas.

5. Hay otras cosas que prefieres hacer antes que jugar

Hablar y negociar sobre lo que más os gusta con tu hijo es importante. Hay tiempo para jugar y tiempo para hacer otras actividades (dibujar, pintar, hacer manualidades, leer un cuento…).

Claves para jugar con tus hijos y disfrutar

Siempre he sido consciente de la importancia de compartir momentos de juego con los hijos. Sin embargo, cuanto más me he esforzado para encontrar actividades y juegos chulos, así cómo para dirigirlos, peor ha sido mi frustración. Entiéndeme, no hay nada de malo en buscar nuevas alternativas de juego siempre y cuando aceptemos que pueden no gustar o no salir cómo esperabas.

Me he dado cuenta de que cuando más he disfrutado con mis hijos es cuando me he entregado a vivir el momento con ellos sin expectativas ni control y sin querer cambiar nada.

Los niños pequeños disfrutan de cada momento porqué lo viven con plenitud entregados a la experiencia que surja en cada momento.

Te recomiendo que te entregues al juego del mismo modo en que lo hacen los niños:

1. Sin expectativas concretas 

Solemos tener demasiadas expectativas sobre cualquier cosa. Pensamos en cómo debería ser esto o aquello y cuando las cosas no suceden como pensamos nos frustramos. No busques la lógica en todo. Los niños son muy espontáneos y se rigen por otras leyes. Si estáis jugando a algo que no acabas de entender o que crees que se juega de otra forma, no importa.

Cuando jugamos sin expectativas nos volvemos más tolerantes, aceptamos mejor las cosas, dejamos de evaluar o juzgar cada momento o situación. Nos volvemos más flexibles, más adaptables, es decir, aprendemos a fluir con el juego. Pasa el tiempo y no nos damos cuenta porqué estamos entregados al momento presente.

2. Sin dirigir ni organizar el juego

No hace falta preocuparse para establecer claramente de antemano a lo que vamos a jugar. Deja que sean ellos los que decidan y deja que fluya el juego o lo que tenga que surgir desde el primer momento. No organices el juego, no importa si no le encuentras sentido.

3. Dejando de lado el control

Déjate llevar por el momento y que surja lo que tenga que surgir. Nada es mejor ni peor. Incluso, si el juego no surge está bien también. Se trata de pasar un momento juntos. Es igual si finalmente termináis leyendo un cuento, conversando, dibujando o mirando fotografías.

4. Dejando de lado tus pensamientos

Cuando estamos relajados sin una actividad muy definida que hacer, nuestros pensamientos empiezan a fluir por nuestra cabeza con muchas propuestas. Probablemente, tendrás pensamientos sobre lo que quieres hacer después, sobre lo que deberías hacer en ese momento o sobre otras cosas más importantes que podrías hacer.

No fijes demasiado tu atención en los pensamientos porqué sólo cuando dejes de hacerles caso es cuando empezarás a disfrutar del momento.

Más allá de jugar se trata de conectar

El juego es muy importante para los niños y es una de las formas mas fáciles de conectar con ellos. Sin embargo, la auténtica conexión la conseguimos mediante nuestra presencia. Para estar física y mentalmente presentes con nuestros hijos la mayor parte del tiempo es necesario:

1. Mostrarse disponible y accesible

2. Ser capaz de centrar nuestra atención en ellos

3. Priorizar sus necesidades por encima de otras cosas

Los niños necesitan saber que sus padres están disponibles para ellos, que los escuchan, que muestran interés por sus cosas y que están a su lado para lo que necesiten. Estar disponibles para ellos no significa que no podamos hacer otra cosa que estar pendientes de nuestros hijos. Significa que cuando estemos con ellos les dediquemos nuestra atención y que cuando no lo estemos sientan que estamos allí si nos necesitan.

Espero que este artículo te haya sido de utlidad. ¿Te has sentido especialmente identificado/a con algo de lo que has leído? Si quieres dejarme un comentario estaré encantada de leerte.

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