La crianza consciente. Una llamada a crecer junto a los hijos

Desde la perspectiva de la crianza consciente, padres e hijos crecen juntos. Cada etapa vital entraña unos cambios importantes que conllevan un aprendizaje tanto para los adultos como para los niños. Poco importa si los padres no estamos listos. Lo cierto es que los hijos crecen sin preguntar al ritmo justo y preciso que marca su reloj interno. Del mismo modo que un bebé necesita la atención constante de los padres, un adolescente necesitará espacio y coger su propio aire para respirar.

¿Qué es la crianza consciente?

Criar a los hijos conscientemente implica reconocer que, aunque seamos los adultos responsables no tenemos la verdad y que podemos aprender de nuestros hijos igual o más que lo hacen ellos de nosotros.

Más allá de educar desde el amor, la compasión y el respeto, la crianza consciente se basa en la idea de que cada niño posee una semilla única y diferente a la de sus padres con derecho a crecer y a desarrollarse libremente.

Para criar con consciencia es necesario que los padres pongamos luz a nuestras propias carencias, necesidades y deseos frustrados para evitar proyectarlos a los niños y acabar criando a un mini yo.

Cada vez que decimos que los hijos nos hacen sentir rabia o tristeza, la realidad es que ellos sólo nos ponen el dedo a una yaga que no sabíamos ni que existía. Por lo tanto, lejos de ser la causa de nuestros enfados o frustraciones, son nuestros guías espirituales, que nos muestran alguna herida no sanada o algo que no aceptamos de nosotros mismos. Darnos cuenta de ello es el primer paso para dejar exigir inconscientemente a los niños que nos satisfagan. Nuestros hijos no han venido a este mundo para hacernos felices o contentos sino para ser quiénes verdaderamente son sin presiones ni condicionamientos.

Criar conscientemente significa amar incondicionalmente, dejando de lado nuestras propias expectativas para pasar a aceptar y valorar a nuestro hijo tal y cómo es.

Tradicionalmente, la educación de los niños se ha relacionado con el control y la corrección. Actualmente, aunque el viejo paradigma educativo está en entredicho, lo cierto es que la mayoría de nosotros cargamos inconscientemente con el peso de este modelo, ya que ha sido lo que hemos mamado de pequeños en casa y en el colegio (de manera más o menos estricta) y nos sale de forma automática con nuestros hijos.

En mi artículo sobre la paternidad consciente te hablo en mayor profundidad sobre este modelo de paternidad y sobre los beneficios que aporta a nivel familiar.

madre cariñosa con su hijo pequeño en la cama

Aprender y crecer de nuestras experiencias de vida

Crecer es una decisión. Puedes tropezar una y otra vez con la misma piedra y no adentrarte en las razones por las cuales tu realidad es como es. Probablemente por inconsciencia o porqué resulta más fácil responsabilizar a nuestro entorno y circunstancias de todo aquello que nos pasa. Sea como fuere, algunas personas experimentamos una y otra vez situaciones de vida con características similares: los mismos tipos de relaciones, conflictos que se repiten en el tiempo, experiencias parecidas…Atraemos a nuestra vida aquello que somos y no es casualidad. Con nuestra actitud contribuimos a cocrear nuestra realidad, así que nuestra vida nos muestra información de nosotros mismos a cada momento. Si somos iracundos muy probablemente atraeremos conflicto en nuestra vida. Si somos amorosos y respetuosos atraeremos experiencias y personas positivas…

Podemos ver la vida con una mirada de juicio o con agradecimiento, sabiendo que detrás de cada experiencia vivida hay un aprendizaje que podemos aprovechar para crecer.

La relación entre padres e hijos tiene una gran carga emocional para ambos, lo que la convierte en una excelente oportunidad de crecimiento. Los hijos son auténticos maestros que nos guían y nos muestran aquello que nos hace falta aceptar de nosotros mismos o aprender.

Crecimiento de los padres en cada etapa de desarrollo de los hijos

Cuando hablamos de educación siempre pensamos que somos los padres los que educamos a los hijos, pero lo cierto es que nos moldeamos mutuamente. Las distintas etapas del desarrollo de nuestros hijos abren un espacio para la evolución y el crecimiento tanto de ellos como de nosotros como padres.

Según la Dra. Shefali Tsabary podemos distinguir las siguientes etapas:

Primera Infancia 

0 a 1 año

Nuestro primer contacto con la paternidad es increíblemente intenso. Nuestra vida cambia por completo y nuestro día a día es como una montaña rusa. Durante los primeros años, el niño es totalmente dependiente de sus padres y busca la seguridad psicológica y el bienestar físico que necesita de sus cuidadores. Atender a sus necesidades sé convierte en una rutina y la experiencia de ser padres es tan estimulante como agotadora y tan corriente como extraordinaria.

Los niños viven el momento y nosotros somos los que nos adaptamos a sus demandas constantes. Poco importa si estamos muy cansados, si es demasiado tarde o si todavía es pronto para levantarse. Si nuestro hijo nos necesita allá estamos nosotros.

Al no estar acostumbrados a vivir el momento y a atender las necesidades de otra persona de manera tan intensa como lo hacemos con los hijos, es normal sentirse agotado y sobrepasado. Sin embargo, es gracias a nuestra atención diaria y constante que descubrimos nuestra ilimitada capacidad de compasión, de dar y de amar incondicionalmente. Ellos reflejan nuestra humanidad más profunda y nos empujan una y otra vez a un estado de presencia constante. Nos piden continuamente que dejemos de lado nuestras preocupaciones y nuestro cansancio para entregarnos a cada instante en cuerpo, mente y espíritu. Es en este espacio en el que podemos conectar a nivel profundo con el bebé y con nosotros mismos. Nuestro crecimiento como padres dependerá de nuestra capacidad para acceder en el aquí y ahora.

Mamá que coge los pies del bebé afectuosamente

1 a 3 años

En esta etapa de desarrollo los niños empiezan a experimentar su individualidad y quieren explorarla. Los padres les pedimos que hagan A y ellos quieren B. Por un lado, no quieren separarse demasiado de sus padres, pero por el otro empiezan a verse como seres independientes con sus propios deseos y quieren experimentar y curiosear por su cuenta.

Este periodo es de gran inestabilidad emocional. Los niños son cambiantes e imprevisibles y nuestro ego como padres pasa por momentos desafiantes, igual que la paciencia, que a veces parece agotarse.

Sus necesidades están cambiando y nuestra respuesta como padres también debe hacerlo. Encontrar la justa medida entre dejarlo caminar solo y seguir presente a veces puede ser un reto. Dejarle hacer cosas por sí mismo, no frenar, pero tampoco empujar y dar a conocer los límites de manera clara, con delicadeza, pero gran firmeza.

Esta etapa es un juego de equilibrio constante, en el que debemos dejar libertad para explorar a la vez que sembramos las semillas de la contención y damos a conocer las normas y los límites.

En muchas ocasiones, los padres hemos de decir que no y puede que nuestro hijo reaccione de manera un tanto exagerada chillando o pegando. Los niños a esta edad no tienen recursos para canalizar su enfado de otra forma, así que este tipo de reacciones son totalmente normales. Es su forma de decir que está enfadado y necesita ayuda. Sin embargo, si queremos que aprendan a canalizar sus emociones de manera positiva sin lastimar, es importante no tomarse su reacción con angustia o dolor. De lo contrario, muy probablemente reaccionaremos mal a su comportamiento y perderemos la oportunidad de enseñar a nuestro hijo formas positivas de canalizar sus emociones.

Etapa preescolar (3 a 6 años) 

El inicio de la escuela es una etapa de socialización, en la que experimentan y descubren nuevas formas de relacionarse con los demás. En esta época reciben muchos estímulos e información: obedecer las normas de la escuela, seguir un plan de estudios, aprender a regular sus emociones, etc. Es normal que se sientan abrumados a veces y que puedan pasar del miedo al entusiasmo con cierta facilidad.

Poco a poco van definiendo la imagen que tienen sobre sí mismos en base a sus relaciones con los demás. Durante esta etapa, los padres todavía podemos impactar profundamente en la conducta de los hijos, por lo que ahora es el momento de transmitirle valores tan importantes como el amor, la generosidad, la empatía, la compasión…Sin embargo, también necesitan su espacio y que no les cortemos las alas en un intento de atender a nuestras propias necesidades como padres.

Cuando mi hijo entró en esta fase, una parte de mi se sintió aliviada y otra un poco nostálgica. Llevábamos varias tardes yendo al parque y debiendo de ocuparnos de algunos asuntos, por lo que hacía unos días que pasábamos poco tiempo juntos. Antes de ir a buscarlo al colegio, me imaginé que pasaríamos la tarde haciendo manualidades juntos (una de sus actividades preferidas). Sin embargo, cuando le expliqué el plan me sorprendió diciendo que prefería ir al parque a jugar con sus amigos. Hice un par de intentos más para asegurarme que prefería ir a jugar con sus amigos del cole (que justo acababa de ver) antes que estar conmigo haciendo algo que le encantaba. Al momento me di cuenta de lo que estaba haciendo y dejé de insistir. Lo estaba empujando a quedarse conmigo para satisfacer mis propias necesidades. Fuimos al parque y mientras jugaba con sus amigos yo lo observaba y pensaba en lo que había experimentado. Me di cuenta de que se estaba haciendo mayor y que ya no necesitaba estar conmigo todo el tiempo. De alguna forma ya lo sabía, aunque no había sido plenamente consciente de ello. A menudo puede resultar un poco desconcertante la combinación de momentos tan contradictorios. A veces sólo quieren estar contigo y otras puede que te rechacen.

El niño sabe lo que necesita mejor que nosotros, así que a los padres sólo nos queda bailar entre la unión y la libertad al mismo ritmo que marca nuestro hijo.

Mamá acompaña a niña de 4 años a la escuela

Primaria (6 a 12 años)

Durante esta etapa, los niños ya han encontrado su lugar y se sienten más cómodos en la escuela. Son mucho más autónomos e independientes y sus amistades adquieren cada vez más importancia. Aún así, los padres siguen siendo sus principales referentes.

Durante esta época se enfrentan a mayores retos académicos y su capacidad de atención aumenta. Los padres debemos estar muy presentes, pero sin agobiar. Centrarse en construir una relación basada en la confianza y en la buena comunicación con los hijos será muy importante tanto para hoy como para mañana.

Los niños suelen ser fácilmente influenciables y estar muy pendientes de la opinión de los demás, así que debemos enseñarlos a confiar en sus propias capacidades, encontrar su valía personal en su interior y animarlos a resolver conflictos por ellos mismos. De esta forma, les transmitiremos una mayor seguridad y autoestima.

madre e hija en el parque

Secundaria (12 a 16)

El espacio es más necesario ahora que nunca. Durante este periodo, los hijos se sueltan con una mayor personalidad, mostrando con descaro su genio y necesidad de autoafirmación. Aunque la conducta de los adolescentes a veces nos impulse a incrementar el control, es el momento de quedarse al margen.

Si hemos sido demasiado estrictos con los chavales, esta es una época en la que se liberan. Si hemos sido demasiado permisivos y no aprendieron a contenerse, ahora se negarán a establecer conexión con nosotros.

Nuestra tarea como padres es la de estar presentes incondicionalmente y aceptarlos y comprenderlos sin pretender arreglar sus vidas. Aunque tengamos miedo a que tomen malas decisiones o se dejen llevar por influencias poco convenientes, a estas alturas hay poco que podamos hacer. Si reaccionamos tomando el control o siendo rígidos lo único que conseguiremos será alejarlos de nosotros y potenciar conductas negativas. Los adolescentes ya no piden permiso, así que si necesitamos acceder a ellos deberemos centrarnos en restaurar nuestra conexión y mostrar nuestra confianza en sus propias capacidades.

En medio de tanto cambio hormonal, los niños de estas edades están expuestos a las presiones del grupo, las amistades, los enamoramientos, etc. Cómo padres sólo podemos estar ahí cuando lo necesiten y comprender el caos de este momento de su desarrollo. Es importante no dejarse llevar por la ansiedad, de lo contrario no seremos capaces de ayudarlos a afrontar sus dificultades.

Aunque parezca que no tenemos influencia sobre los hijos, lo cierto es que si transmitimos aceptación total e incondicional se animaran a acudir a nosotros cuando lo necesiten, hecho que puede aumentar la probabilidad de mantenerlos seguros y capaces.

Vídeo sobre porqué la adolescencia es una etapa maravillosa

Conclusión

La paternidad es un viaje de extremos que puede sacar lo mejor y lo peor de nosotros. Nadie nos explica lo increíblemente intensa que es esa experiencia y el impacto tan grande que tiene en nuestras vidas.

Está claro que los hijos nos remueven, nos confrontan y nos recuerdan el niño que fuimos. Nadie nos ha enseñado a hacer de padres y probablemente es una de las tareas más difíciles a las que nos podemos enfrentar. Nos equivocaremos muchas veces, perderemos los estribos y hasta puede que haya momentos en los que nos sintamos totalmente perdidos. Sin embargo, si reconocemos el potencial espiritual que entraña la experiencia de ser padres, estaremos más abiertos a aprender y, como consecuencia, podremos aprovechar nuestras experiencias para nuestro crecimiento personal.

Criar a los hijos conscientemente no es un camino fácil. Hay situaciones que generan tensión y en las que uno desea volver al ordeno y mando. Sin embargo, aunque al principio sea un camino más difícil, a largo plazo es mucho más preferible y te permite conectar con tu hijo de una forma mucho más profunda.

Si te ha gustado este artículo y te ha sido de utilidad puedes compartirlo con otros padres o madres usando los iconos de abajo. Déjame un comentario, si te apetece, con tu opinión acerca este tipo de crianza y tu experiencia personal. ¿Cuál es la mayor dificultad a la que te enfrentas en la educación de tus hijos? Tus comentarios aportan valor a mis artículos y me inspiran para seguir escribiendo.

Un abrazo 😉

silueta de familia feliz en la puesta de sol

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6 comentarios en «La crianza consciente. Una llamada a crecer junto a los hijos»

  1. Hola,

    Me encanta este artículo. Tengo una sobrina y un sobrino pequeños y voy a compartir este artículo con mi hermano y mi cuñada porque creo que les ayudará mucho. A mi también me servirá cuando pueda volver a ver a mis sobrinos después del encierro.

    Les animaré a que comenten y, si tienen alguna pregunta candente, les aconsejaré que se pongan en contacto con usted. ¿Si te parece bien?

    Gracias por compartir y sigue haciendo este gran trabajo.

    Todo lo mejor,

    Tom

    Responder
    • Hola Tom,

      Muchas gracias por tu comentario y por compartir. Estaré encantada de responder a cualquier comentario y resolver posibles dudas.

      Un abrazo

      Marta

      Responder
  2. Me encanta tu afirmación sobre cómo padres e hijos se moldean e influyen mutuamente. Es muy cierto. Yo cometo errores con mis hijos todos los días, pero trato de aprender de ellos y de crecer al igual que estoy enseñando a mis hijos a crecer como individuos amables y responsables.

    Mis hijos están en las etapas de preescolar y primaria y definitivamente puedo ver la influencia de los amigos ya teniendo lugar. Es un gran recordatorio para inculcar un sentido de autoestima y confiar en sus propios instintos independientemente de las influencias externas.

    ¡Gracias por el gran recurso en el viaje de la crianza consciente!

    Responder
  3. Hola Leah,

    Muchas gracias por tu comentario. Muy importante lo que dices. Un verdadero reto para los padres es el de transmitir confianza y enseñar a los hijos a valorarse por lo que son y no por lo que tienen, ni por sus notas ni por si juegan mejor o peor al futbol. Digo un reto porqué con transmitirlo a través de las palabras no es suficiente. A veces les decimos: «tienes que confiar en ti y no dejarte llevar por lo que dicen los demás», pero esto no sirve de nada si no lo integramos en nuestra relación con ellos y no les transmitimos que su valía es intrínseca a su persona y que no necesitan hacer nada para ser valiosos porqué ya lo son por el mero hecho de existir. Puede que pensemos que se acomodarán y no se esforzarán lo suficiente, pero lo cierto es que es justo lo contrario. Gracias Leah.

    Un abrazo

    Responder
  4. Qué artículo tan bonito y bien escrito.
    Como madre de 5 individuos muy diferentes, únicos y maravillosos, debo decir que has captado la esencia misma de la paternidad con tanta precisión.
    Recuerdo estar tan abrumada con el nacimiento de mi primer hijo hace 39 años. Esa misma sensación de miedo, alegría, orgullo y pánico la sentí con cada uno de los siguientes nacimientos.
    Cada hijo era completamente único, desde las cosas que les interesaban hasta la forma en que reaccionaban a sus propias emociones o a las de los demás.
    A menudo he dicho que «mis hijos salieron muy bien a pesar de mí más que gracias a mí». No vinieron con un manual de instrucciones. Todo el viaje fue una curva de aprendizaje de la aventura más maravillosa que ofrece la vida.
    Ahora, tengo la bendición de tener 10 nietos maravillosamente únicos y diferentes. Esa es otra bendición y tan diferente de la crianza de los hijos.
    Ahora me encanta ver a mis hijos experimentando la paternidad. Qué regalo.

    Responder
    • Qué bonito.:-) Gracias por tu comentario y por compartir tu experiencia. Cómo bien dices, la paternidad es una aventura. La única forma de aprender verdaderamente de ella es viviéndola y con cada hijo es completamente distinta.

      Un abrazo

      Responder

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