¿Cómo mantener la calma con mis hijos y dejar de reaccionar?

¿Cómo mantener la calma con mis hijos y dejar de reaccionar? Si ésta es una pregunta que te viene una y otra vez a la cabeza, este post puede ayudarte. Soy madre de dos niños pequeños y, créeme, sé de lo que estoy hablando. La experiencia de ser madre o padre es tan extraordinaria como intensa y si nos dejamos llevar por el estrés y nuestro ritmo de vida, acelerado y ajetreado, estamos perdidos.

Date un respiro

Si últimamente estás especialmente sensible y saltas a la mínima de cambio, puede que tus niveles de paciencia estén totalmente agotados y necesites un break.

Por favor, no te conformes sólo con hablar con alguna amiga, mirar un vídeo o leer algo que te haga sentir mejor. Date un respiro ahora mismo.

Haz lo posible para tener algo de tiempo sólo para ti, lo antes posible. No hace falta que hagas nada especial. Aprovecha para estar sola y cuidar de tus necesidades. Cuídate como si fueras una niña pequeña, sé comprensiva y compasiva contigo misma y mímate. No te sientas mal por eso. Tus hijos te necesitan positiva y llena de energía.

Piensa que los hijos aprenden de nuestros comportamientos y se contagian de nuestra energía vital. Si estamos enfadadas y con poco ánimo, nuestros hijos tenderán a estar más irritables y, si, por el contrario, nos sentimos tranquilas y especialmente positivas, les transmitiremos paz y ellos también estarán mejor. Esto es algo que he podido comprobar de primera mano. Ahora, si en algún momento de mi vida veo a mis hijos especialmente nerviosos, primero me miro a mí misma y me pregunto cómo estoy yo.  En muchas ocasiones, los hijos nos hacen de espejo y nos muestran cómo estamos nosotras, aunque en el momento no seamos capaces de verlo.

Empieza por algo que te motive

Una vez hayas podido disfrutar de un tiempo para ti, te sentirás mucho más tranquila y relajada. Ahora necesitarás cargar pilas y llenarte de energía positiva.

Te recomiendo que hagas algo que te guste mucho hacer. Puede ser cualquier cosa que te haga disfrutar, perder la noción del tiempo y vivir el momento. No tiene que ser nada del otro mundo, algo sencillo pero que cuando lo hagas te sientas renovada. Puede ser que haya algo que te guste hacer pero que en tu día a día no puedas hacerlo porqué no tienes tiempo. Pregúntate: ¿qué me apetece hacer? quedar con alguien especial para conversar, salir a dar un paseo en algún lugar que te guste, cocinar algo que te apetezca, …

Hacer algo que te guste mucho ayudará a que te vuelvas a conectar contigo mima y recuperes tu centro. Cuando estamos estresados tendemos a desconectarnos de nosotros mismos, ya que anteponemos cualquier cosa antes que nuestras propias necesidades e intereses. El estrés es una llamada de atención hacia nosotros para darnos cuenta de que no nos estamos atendiendo.

Vamos a la raíz del asunto

Ahora que te sientes de nuevo con energía, puedes utilizar positivamente esta experiencia para aprender y crecer. Reflexionemos un poco sobre las causas de la impaciencia.

En primer lugar, ¿qué es la paciencia?

La paciencia es aquella capacidad que tenemos los humanos de tolerar y afrontar situaciones adversas, incómodas o molestas con fortaleza, sin perder la calma ni los nervios.

No hace falta reflexionar mucho para saber que la paciencia no es un valor muy recurrente en nuestra sociedad occidental. De hecho, vivimos en la cultura de la inmediatez. Todo se desarrolla muy rápido y siempre vamos con prisas. Exigimos que las cosas sean como creemos que deben ser y en el momento en que decidamos. Quizás nos somos conscientes de ello, pero esta forma de vivir, completamente alejada de lo natural (en la naturaleza todo se da a su ritmo), genera mucho estrés y ansiedad.

¿Cuál es la causa de la impaciencia? 

La impaciencia es una emoción que surge a raíz de unos pensamientos que generamos en nuestra mente y que nos creemos como ciertos. Se trata de pensamientos muy recurrentes que tienen que ver con la creencia de que lo que sucede en el presente no es lo suficientemente bueno para nosotros. Por ejemplo, imagínate que estás con tu hijo pequeño en casa preparándote para salir al colegio. Vais con el tiempo muy justo y necesitáis salir de casa cuanto antes para llegar a la hora. Sin embargo, tu hijo no hay manera de que arranque. Tu mente empieza a generar pensamientos del estilo: «no podemos llegar tarde». Si tu ya estás llegando tarde y te dices a ti mismo que no puedes llegar tarde, estás negando tu presente y no lo estás aceptando. Este pensamiento no va a cambiar tu realidad (porqué no va a hacer que llegues antes) pero sí que va a generar un estrés en ti e incluso puede que pierdas los nervios y grites a tu hijo.

La próxima vez que pierdas la paciencia o estés a punto de hacerlo observa tus pensamientos. De esta forma, podrás detectar el tipo de pensamiento que hace que reacciones con tu hijo. Acostúmbrate a realizar esta tarea de observar lo que piensas. Lo que te hace reaccionar nunca es el comportamiento de tu hijo, siempre es tu mente generando un pensamiento de no aceptación de la realidad y tú enganchándote a ese pensamiento, es decir, creyéndote que es verdad.

Una vez hayas detectado el pensamiento que puede activar tu reactividad, lo que debes hacer es no creértelo. Un pensamiento puede pasar por tu mente y no afectarte si no le das poder creyéndotelo.

No busques cambiar tu presente

No busques cambiar la realidad que estás viviendo, cambia tu actitud ante la realidad. Aunque tengas un pensamiento de no aceptación de tu presente, este no va a cambiar porqué ya está sucediendo en este instante. Escoge siempre aceptarlo porqué esto te evitará estrés y sufrimiento.

Hemos de aprender a fluir con la realidad porqué lo que ya está sucediendo en nuestra vida ahora no lo podemos cambiar. El rechazo a nuestro presente sólo crea una profunda desconexión con nosotros mismos y con nuestros hijos.

Hay una tendencia general a rechazar nuestra experiencia presente y a buscar en un futuro (que no existe) algo mejor para nosotros. Pero lo único que existe eres tu aquí y ahora.

Deseo de corazón que este artículo te haya servido de ayuda y te invito que experimentes por ti misma lo que pasa por tu mente. No dejes que tu mente controle tus pensamientos y tu vida, sé tú quién toma las riendas.

Puedes dejarme cualquier comentario con tu opinión acerca este artículo o compartiendo tu experiencia personal. ¿Te consideras más bien paciente o impaciente?

Muchas gracias por tus comentarios. Estaré más que encantada de leerte y responderte.

¡Nos vemos por aquí!

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